martes, 10 de febrero de 2026

La matanza de Plaza Bulnes

La muerte de Ramona Parra fue la que caló más hondo en la psique nacional. Su juventud y la descripción de su resistencia —muriendo "de pie y de perfil", como diría más tarde el diario El Siglo— la transformaron en una heroína trágica. Ramona no era una líder política de alto rango, sino una "encargada femenina" del comité regional que trabajaba envasando medicamentos, lo que permitía a miles de mujeres obreras identificarse con su sacrificio.


​La imagen de la infamia: Análisis del registro visual

​Una de las peticiones centrales para la reconstrucción de este hecho es el detalle de la imagen que ha servido como testimonio irrefutable de la tragedia. Se trata de una serie de fotografías capturadas en los momentos inmediatamente posteriores a la balacera, preservadas hoy en la Biblioteca Nacional de Chile.

​La fotografía más icónica muestra a Ramona Parra yaciendo en una camilla tras ser retirada del pavimento de la plaza. La descripción técnica de la pieza es la siguiente:

  • Composición y Formato: Es una fotografía monocroma de gelatina sobre papel fibra, de aproximadamente 17,5 x 29 cm. El contraste del blanco y negro resalta la palidez extrema de la joven frente a la ropa oscura de los testigos.

  • Detalle del Sujeto: Ramona aparece con los ojos cerrados, en un estado de quietud absoluta. Américo Zorrilla describió esa "palidez de la muerte" y un detalle técnico escalofriante: en su sien se observa una perforación nítida, un círculo perfecto por donde entró la bala, del cual curiosamente no emanaba sangre en el momento del hallazgo.
  • Contexto Visual: Otras tomas del mismo rollo muestran a un sacerdote —identificado en los archivos como "curita dando la extrema unción"— inclinado sobre los cuerpos, lo que otorga a la imagen un carácter casi religioso de piedad.

  • Significado Histórico: Esta imagen no fue solo un registro judicial; se convirtió en la base del imaginario de las futuras Brigadas Ramona Parra. La vulnerabilidad de la mujer obrera en la camilla se contrapuso a la fuerza bruta del carabinero, sirviendo como una denuncia silenciosa pero poderosa de la violencia estatal.

​Terremoto en La Moneda: Las consecuencias políticas

​La matanza de la Plaza Bulnes no fue un incidente que el gobierno pudiera simplemente ignorar. La conmoción pública fue tal que provocó una crisis de gabinete inmediata. El hecho más significativo fue la renuncia de Eduardo Frei Montalva, quien servía como Ministro de Obras Públicas. Frei, líder de la Falange Nacional, no pudo tolerar que el gobierno del cual formaba parte disparara contra su propio pueblo. En su carta de renuncia, expresó su rechazo a los métodos de Duhalde, marcando un hito en su propia trayectoria política que lo llevaría, años más tarde, a la presidencia.

​La crisis política se profundizó con la declaración del Estado de Sitio y la entrega del control de Santiago al Ejército. El gobierno de Duhalde quedó aislado: la izquierda lo abandonó definitivamente y el centro falangista se retiró del gabinete. Por otro lado, la matanza forjó una "unidad de sangre" entre los trabajadores. La CTCH, a pesar de estar dividida internamente entre comunistas y socialistas, logró unificar un Paro Nacional de 24 horas el 30 de enero que paralizó las actividades productivas de Chile, desde las minas del norte hasta las fábricas del sur.

​Este evento también selló el destino de las elecciones presidenciales de ese año. Tras la muerte de Juan Antonio Ríos en junio de 1946, el país fue a las urnas en septiembre. Gabriel González Videla, apoyado por el Partido Comunista y con Pablo Neruda como jefe de campaña, ganó la presidencia utilizando el recuerdo de los "mártires de la plaza" como bandera de lucha contra la reacción. Resulta una ironía trágica de la historia que el mismo González Videla promulgaría poco después la "Ley Maldita" para perseguir a quienes lo ayudaron a llegar al poder invocando el nombre de Ramona Parra.

​El último adiós: El entierro en el Cementerio General

​El funeral de las víctimas fue una de las marchas fúnebres más multitudinarias que ha visto la capital. El cortejo recorrió las calles del centro de Santiago, pasando frente a La Moneda en un silencio sepulcral que era más amenazante para el poder que cualquier grito. El destino final fue el Cementerio General de Santiago, ubicado en la comuna de Recoleta.

​Ramona Parra fue sepultada en el Cementerio General, convirtiéndose su tumba en un sitio de memoria activa. A lo largo de los años, su sepultura se ha mantenido como un punto de encuentro para las Juventudes Comunistas y los movimientos sociales. Es importante destacar la ubicación dentro de este vasto "museo al aire libre" de 86 hectáreas :

  • Sector de Sepultura: Los restos de Ramona y otros mártires descansan en los patios históricos del cementerio, cercanos a las áreas donde tradicionalmente se sepultaba a los sectores populares y obreros, lejos de los ostentosos mausoleos de la oligarquía que dominan la Avenida de los Presidentes.

  • Evolución del Sitio: Con el tiempo, la tumba de Ramona se ha visto rodeada de otros hitos de la memoria chilena, como el Memorial de los Detenidos Desaparecidos (inaugurado décadas más tarde en el mismo recinto) y las tumbas de figuras como Salvador Allende o Violeta Parra, creando una cartografía de la resistencia chilena dentro del camposanto.

  • Distinción Necesaria: No debe confundirse el entierro de 1946 con el Memorial Puente Bulnes. Este último, ubicado en el Parque de los Reyes, conmemora los fusilamientos ocurridos tras el golpe de 1973, incluyendo al sacerdote Juan Alsina. Los mártires de 1946 pertenecen a la historia de la Plaza Bulnes y su lugar de descanso definitivo es el Cementerio General de Recoleta.

​La memoria en la piedra y el color: Neruda y las BRP

​La matanza no solo quedó registrada en los sumarios militares; se filtró en el arte y la identidad política de Chile. Pablo Neruda, testigo del funeral, escribió uno de sus poemas más vibrantes, "Los muertos de la plaza", incluido en el Canto General. En sus versos, el poeta no solo lamenta la muerte, sino que la transforma en un motor de historia. Para Neruda, Ramona Parra es la "estrella iluminada" y la "flor ensangrentada" que fertiliza la lucha futura.

​Este impulso poético se convirtió en acción visual veinte años después. En 1966, las Juventudes Comunistas fundaron las Brigadas Ramona Parra (BRP). Lo que comenzó como un grupo de propaganda electoral se transformó en un movimiento artístico de muralismo político que definió la estética de la Unidad Popular. Los brigadistas, jóvenes que pintaban con trazado grueso y colores planos, buscaban que el nombre de la muchacha asesinada en 1946 estuviera presente en cada muro de Chile. El sacrificio de Ramona pasó de la sangre en el cemento de la plaza a los colores vibrantes de las panderetas industriales, simbolizando la victoria de la memoria sobre el olvido estatal.

​Análisis de la violencia de Estado y la protesta social

​La matanza de la Plaza Bulnes es un estudio de caso fundamental para la historiografía chilena sobre la relación entre el Estado y el mundo del trabajo. A través de los expedientes del Segundo Juzgado Militar de Santiago, se ha podido deconstruir el "ethos masculinista" de la protesta sindical, revelando que la participación femenina, como la de Ramona, era vital y no periférica. El Estado no disparó contra un grupo de agitadores aislados, sino contra un tejido social complejo que incluía familias y gremios diversos.

​La decisión de usar munición de guerra contra una manifestación en el Barrio Cívico demuestra una desconexión total de la elite gobernante con las nuevas realidades de la postguerra. Mientras el mundo viraba hacia el Estado de Bienestar, el Chile de Duhalde respondía con tácticas de la era de las masacres pampinas de principios de siglo. Esta persistencia de la violencia como método de resolución de conflictos sociales es un hilo conductor trágico que atraviesa la historia chilena, desde la Escuela Santa María hasta los eventos de décadas posteriores.

​Conclusión: La plaza que no olvida

​Hoy, la Plaza Bulnes ya no existe con ese nombre en los mapas oficiales, habiendo sido absorbida por las sucesivas remodelaciones del entorno de La Moneda. Sin embargo, el sitio sigue siendo el epicentro de la vida política del país. La figura de Ramona Parra Alarcón y sus cinco compañeros —Manuel López, Roberto Lisboa, Alejandro Gutiérrez, César Tapia y Filomeno Chávez— permanece como un recordatorio de que la democracia chilena ha sido pagada con la sangre de sus trabajadores.

​La historia del 28 de enero de 1946 es la historia de una joven obrera que arrojó pasto al rostro del poder y recibió a cambio una bala. Pero es también la historia de cómo un pueblo toma esa sangre, tiñe sus pañuelos y construye un imaginario de justicia que sobrevive a los gobiernos y a las leyes represivas. En el Cementerio General, donde descansan los restos de estos mártires, la historia de Chile se lee en las lápidas de piedra que, como mudos testigos, aseguran que la matanza de la Plaza Bulnes nunca sea borrada de la memoria nacional. 

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