El Eco del Pañuelo: Crónica de un Cuequero Eterno
El reloj de la vieja peña marca las siete de la tarde. Afuera, el viento de julio mueve los eucaliptos, pero adentro, el aire huele a vino tinto, a empanada de pino y a madera de guitarra. Es **4 de julio**. Para el calendario oficial, es un día común; pero para los que saben, para los que llevan el ritmo en el tacón y la memoria en el pecho, hoy es el Día del Cuequero.
Don Anselmo, un hombre de manos curtidas y mirada brillante, se sienta en una esquina. Ajusta las clavijas de su guitarra. A su lado, su nieta Lucía, de apenas quince años, se ata el pañuelo en la muñeca.
—Abuelo —pregunta ella—, ¿por qué celebramos hoy? Si la cueca es de septiembre...
Don Anselmo sonríe, rasguea un acorde menor y comienza la historia.
El Fantasma del Maestro y los Cimientos
—La cueca no es de un solo mes, mi'ja. La cueca es de todos los días. Pero el 4 de julio es el día de los que la hacen vivir. Es el día del cuequero.
Anselmo cierra los ojos y el recuerdo lo trae a los años dorados. Habla de los próceres, de los que bajaron al patio de tierra a rescatar lo que los salones de la alta sociedad querían olvidar.
—Tú tienes que conocer a Nano Nuñez —dice con voz reverente—. Nano no solo tocaba; Nano pensaba la cueca. Junto a Los de Ramón, él le dio a la cueca brava y a la tradicional el respeto que merecía. Él nos enseñó que el cuequero no es el que se pone un traje de huaso para la foto; el cuequero es el que traduce el alma de Chile en un zapateo.
Menciona también a Margot Loyola, que caminó el país entero con su pollera, recogiendo los cantos de los vieos; a Gabriela Pizarro, que defendió la tonada y la cueca desde la academia. Ellos fueron los arquitectos de un movimiento que transformó el baile de patio en el Baile Nacional.
La Lucha: Entre el Sudor y la Ley
Pero la historia de don Anselmo se vuelve más grave. El brillo de la fiesta da paso a la memoria de las batallas silenciosas.
—Ser cuequero, Lucía, también ha sido una lucha. Durante décadas, fuimos los "olvidados de septiembre". El Estado y las grandes empresas nos aplaudían cuando les convenía, pero nos ignoraban el resto del año.
Anselmo le cuenta sobre las luchas de los grupos cuequeros, de los agrupamientos de folcloristas que tocaron puertas en el Congreso.
—Pelearon por la Ley del Folklore y por el reconocimiento de nuestro trabajo. No éramos solo "aficionados" bailando en una fiesta; éramos creadores, compositores, portadores de cultura. Lucharon por los derechos de autor, para que el que crea una cueca no muera de hambre. Lucharon por la previsión social, para que el viejo guitarrero o la maestra bailarina tuvieran un techo en su vejez.
Hubo años en que las peñas cerraron, en que la cueca fue desplazada por ritmos importados, y los cuequeros tuvieron que salir a la calle, con sus instrumentos a cuestas, a exigir que el folclore no fuera tratado como una reliquia de museo, sino como industria cultural y patrimonio cultural inmaterialvivo.
El Folclore: La Columna Vertebral de Chile
Lucía mira el pañuelo en su mano. De pronto, no es solo un pedazo de tela; es una bandera.
—¿Y por qué es tan importante todo esto, abuelo? ¿Por qué tanto esfuerzo por un baile?
Don Anselmo se inclina hacia ella. El ruido de la peña parece apagarse para dejar entrar solo su voz.
—Porque el folclore es la memoria, Lucía. Chile es un país largo, angosto y difícil. Tenemos desiertos que queman, cordilleras que asfixian y mares que asustan. El folclore es el hilo invisible que cose esas geografías.
—Cuando tú zapateas, no estás haciendo ruido. Estás llamando a la tierra. La cueca es el lenguaje de nuestros abuelos. Es la alegría del roto, la melancolía del minero, la astucia del huaso y la fuerza de la mujer chilena. Si perdemos el folclore, perdemos el espejo donde nos miramos para saber quiénes somos. Los cuequeros luchamos para que Chile no se olvide de su propia sombra.
El Zapateo Continúa
De pronto, la puerta de la peña se abre. Entra una ráfaga de viento frío, pero nadie lo siente. Un grupo de jóvenes cuequeros entra, trayendo consigo el calor de la rueda. Se forma el círculo.
El cantor entona la primera cuarteta.
Al tirar la cencha, cueca…
Don Anselmo le guiña un ojo a Lucía.
—Hoy es 4 de julio. Hoy el país le debe un brindis a Nano, a Margot, a los que pelearon por la ley, y a los que hoy sudan la camiseta en los campeonatos. Hoy celebramos al cuequero, porque mientras haya uno solo que afirme el pañuelo con dignidad, Chile seguirá de pie.
La guitarra estalla en un ritmo alegre y contagioso. Lucía se levanta, entra a la rueda y, al primer zapateo que hace retumbar la madera del suelo, siente que no está bailando sola. Detrás de ella, en cada paso, están los próceres, los luchadores, los poetas y los maestros.
En este 4 de julio, el Día del Cuequero, la historia no se lee en los libros. Se baila. Se canta. Y se mantiene viva.
pero porque un 4 de Julio?
El 4 de julio se celebra el Día Nacional del Cuequero y la Cuequera en Chile para conmemorar el natalicio del destacado folclorista y compositor nacional, Hernán "Nano" Núñez Oyarce.
Nacido un 4 de julio de 1914, "Nano" Núñez es considerado una figura fundamental de la cueca urbana y uno de los fundadores del legendario grupo Los Chileneros, agrupación con la que grabó el emblemático disco "La Cueca Centrina" en 1967
Esta efeméride fue instaurada de forma oficial por el Congreso Nacional en 2018 (mediante la Ley 21.102) como un homenaje a todos los cultores, músicos y bailarines que mantienen vivas las tradiciones del folclore chileno.
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